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heart-991263_1280Por sorprendente que le pueda parecer a la mente cotidiana, el mundo percibido por los sentidos no es real, sino una especie de «montaje» o «espejismo». Un sueño. Todo eso que parece tan denso y sólido en realidad son proyecciones mentales. No existen los problemas, pero si nos dejamos guiar por la información que ofrecen los sentidos y la interpretación que da la mente limitada, eso produce la apariencia de que sí tenemos problemas, incluso problemas serios! Pero la Única Realidad es la Unidad, el Ser, que es puro Amor y Paz. No hay problemas.

Los sentidos, en combinación con las interpretaciones de la mente limitada (ego), proponen un mundo aterrador. Si depositamos nuestra confianza en la información que viene de los sentidos y en la interpretación que da la mente limitada, nos creeremos envueltos en un mundo donde es posible la enfermedad, las peleas, las discusiones, los insultos, el rencor, los accidentes, las guerras, la muerte. Todo lo anterior no parecerá teórico, sino que parecerán hechos consolidados e irrefutables. Sin embargo, todo lo relativo a ese sueño (más bien pesadilla) no es real, es una mera apariencia creada al aceptar como válidos el testimonio que dan quienes nada pueden saber : el cuerpo y la mente limitada. Son creencias. Apariencias temporales, destinadas a desvanecerse.

El único problema, si hubiere alguno, es la creencia en la separación. De ahí vienen todos los demás «problemas». Perdido en el tiempo, el humano, una porción del SER contempló la idea de qué tal sería la posibilidad de ser algo separado, aparte de la Fuente. Y con esa contemplación se durmió. No hay problema en dormirse, en el fondo el sueño es inofensivo, pero visto desde dentro puede parecer una auténtica pesadilla. El sueño hizo parecer que la separación se había producido, lo cual se hizo aterrador y el Ser (imaginadamente separado) sintió decepción, culpabilidad y miedo, tanto de las circunstancias como del castigo que podría recibir de Dios (de la Fuente) por tan magna afrenta: arrancar un trozo a Dios, separarse de la Fuente. (Nótese que tener miedo a un castigo de Dios, el cual es puro AMOR, es un síntoma más de proyección: se proyecta sobre Dios-Amor lo que uno está imaginando interiormente basándose en creencias absurdas de separación)

Metafóricamente se pasó del ser creados por Dios, a que nosotros en la distorsión producida por el “sueño” de la separación, empezamos a crear a Dios a nuestra imagen y semejanza. En esta “pesadilla” la culpabilidad y el miedo se hicieron tan intensos que surgió una «solución»: proyectar «afuera», a un ficticio «afuera», proyectar afuera la causa del miedo, el odio por la separación, que no es mas que un odio inconsciente hacia si mismo.

Toda esta ficción es algo atemporal: está sucediendo «actualmente», sigue sucediendo mientras sigamos durmiendo. Por ejemplo cuando sentimos rencor hacia alguna persona, en realidad estamos camuflando así el rencor que sentimos hacia nosotros mismos por la culpabilidad inconsciente, esa parte en nuestra mente que aún se culpabiliza por haber provocado la separación, la cual, no es real, no se produjo, tan sólo se imaginó.

Al proyectar la culpabilidad y el miedo (y sus secuelas: odio, rencor) a un ficticio mundo externo, la intensa culpabilidad interior quedó camuflada, en nuestro inconsciente. Y es esa culpabilidad inconsciente la que se debe disolver para poder despertar a la Verdad. Usando la mente limitada no tenemos acceso válido a la mente inconsciente para «repararla», porque la mente limitada no comprende, lo interpreta todo al revés. La mente limitada cree en la debilidad, en el odio, en la enfermedad, en la muerte, y esta mente limitada no es la herramienta válida para corregir la creencia errónea de la separación.

Por suerte, la mente limitada es ficticia, no es real, porque nada está realmente separado de nada. Lo único que puede corregir con acierto esta situación, es la Sabiduría. La Sabiduría es Íntegra, es el SER, es esencia incontaminada. Podemos llamar a la Sabiduría por nombres como «Mente Universal», «Espíritu Santo», «Cristo», «Fuente», «Unidad”,…. etc. Es a Eso a lo que apelamos cuando entregamos algo, cuando perdonamos.

La práctica del Perdón: La separación es irreal, por ello nuestra creencia en ella, hay que disolverla, para así recordar la Verdad y recordar nuestro Ser. Hay que disolver esa creencia inconsciente en la separación, y aunque nos auto convenzamos de que la separación no es real, no se llega al fondo del asunto si no se disuelve la creencia inconsciente, que es la más intensa y la que produce las proyecciones.

Nuestro inconsciente esconde un enorme saco de creencias y actitudes inconscientes relacionadas con la separación (culpabilidad, miedo, odio, ) y solamente cuando estas falsas creencias sean disueltas, el camino hacia la Verdad estará despejado para recordar quiénes Somos de una manera consciente.

Para que las creencias inconscientes puedan ser deshechas, tenemos que tener la humildad de reconocer que con nuestra mente limitada nada podemos hacer. Durante «siglos» hemos estado manejándonos con la mente limitada y los resultados están a la vista…

Por lo tanto para perdonar debemos recurrir a lo Real en nosotros, y entregarle a lo Absoluto todo aquello que detectemos como imperfecto, molesto o limitador. En el sueño, lo que vemos (en nuestro estado actual) son metáforas y símbolos. No vemos directamente lo inconsciente, pero vemos los símbolos proyectados por nuestro inconsciente. Por lo tanto es ahí donde tenemos nuestra tarea. No se nos pide más. Simplemente la buena disposición para entregar lo que veamos como imperfecto, comprendiendo que son proyecciones que delatan la existencia de algo en nuestro inconsciente que está produciendo esos símbolos en el aparente «mundo externo». Trabajamos en equipo con nuestro «Yo Superior» Espíritu Santo, o la Voz de la Verdad. Nuestra parte es fácil: cuando veamos un símbolo perturbador, le entregamos esa apariencia, que no es real, al Espíritu Santo o Yo Superior (o el nombre con que nos guste llamarlo) sabiendo que esa parte de nuestro Ser, que es incontaminada, se ocupará de disolver las creencias inconscientes vinculadas al símbolo o apariencia que le hemos entregado. Eso es perdonar. Es sencillo, la parte «difícil» la hace nuestro Ser Superior. Nosotros solo tenemos que entregar (perdonar) cualquier apariencia que nos parezca perturbadora, independientemente de que parezca grande o pequeña dicha perturbación.

La limpieza que esto produce es enorme. Al disolver los velos (creencias falsas) nos vaciamos de nuestros prejuicios inconscientes y hacemos sitio para que podamos ser conscientes de la Verdad. Eso es Despertar.

No importan las palabras que digamos al perdonar. Lo que importa es nuestra actitud y comprensión , sobre todo comprender que lo que estamos perdonando son apariencias, no algo real. Perdonamos nuestros propios sueños: afuera no hay nadie «malo» a quien odiar o guardar rencor, sino que somos nosotros mismos quienes estamos soñando tal absurdo y eso es lo que perdonamos. No existe nada «afuera». Ni «adentro». Todo es el SER que Somos Unidos, AMOR.

Si la apariencia a perdonar es con una persona, no es necesario que esa persona lo sepa. Es nuestra actitud de entregar la apariencia, la que cuenta. Así, no es necesario abordar directamente a alguien que no quiere recibirnos, y podemos también perdonar a personas de nuestro pasado con las que aparentemente ya no hay forma de comunicarse. Para perdonar da igual si dentro del sueño parece que alguien viva o no. Lo que cuenta es soltar: reconocer que nuestra incomodidad es producto de una proyección o apariencia, y entregar esa apariencia al Universo, para que borre en nuestro inconsciente lo que produjo ese símbolo.

Se pueden usar palabras cuando uno lo sienta adecuado. Uno puede improvisar las palabras cuando llegue el momento. También puede usar términos formulados de antemano, como decirle mentalmente a una persona: «Eres Espíritu. Completo e inocente. Todo está perdonado y olvidado». El perdón se aplica sin límites de tiempo ni distancia. Podemos perdonar a alguien que vemos y nos cae mal, aunque no le conozcamos personalmente; si nos cae mal, es que estamos proyectando y es algo a perdonar; también podemos perdonar a personas de otras épocas.

En Ho’oponopono se proponen a modo de referencia palabras como «Lo siento… perdón… gracias… te amo…». Lo importante es saber que estamos entregando la apariencia que nos molesta, para que la Divinidad acceda a nuestro inconsciente y borre la falsa creencia que la origina. Una forma de entender esas palabras del Ho’oponopono podría ser, en el ejemplo de una persona que digamos que choca con nosotros en la calle: Lo siento, hermano, por haber percibido esto, por haber percibido que tal cosa como que choquemos es posible; perdón… me perdono a mí mismo por haberlo creado, por mis creencias inconscientes… gracias, hermano, por permitir que estas creencias inconscientes haya podido detectarlas por medio de ti… y te amo, te amo, te amo inmensamente por la oportunidad que me das para soltar esto y liberarme de mis creencias ilusorias que producen un mundo absurdo y sin amor. (Parecido valdría para otros casos, por ejemplo si vemos a alguien enfermo podríamos entregar esa apariencia con un razonamiento interior parecido; cuando tengamos claro esto el perdón fluirá sin palabras, rápidamente, espontáneamente, o si se usa alguna palabra como recordatorio no hace falta que sea todo, basta con un «perdón», o un «lo siento, te amo», o un «Padre/Madre, te entrego esta apariencia»).

Todo odio es en realidad un auto-odio camuflado: nos odiamos a nosotros mismos por creer que produjimos la separación y el malestar consecuente, y proyectamos ese odio hacia afuera, lo cual suaviza la sensación (pero ocultar el problema no lo resuelve, por eso hay que perdonar entregando las apariencias a lo absoluto).

Visto con profundidad, toda acción de cualquier persona hacia nosotros es una de estas dos cosas: O es una expresión de amor, o una petición de ayuda, Sé que es difícil darnos cuenta de esto cuando estamos proyectando, darnos cuenta de que si por ejemplo alguien parece insultarnos, en realidad se trata de una petición de ayuda. Y perdonar esa apariencia es la mayor ayuda que pudiéramos conceder. No sólo a ese hermano, sino a nosotros mismos, pues todos somos Uno y lo que perdonamos a los demás lo estamos perdonando a uno mismo, disolviendo nuestras actitudes y creencias inconscientes que produjeron esa apariencia.

Las preocupaciones nos desvían al pasado o al futuro, o enturbian el presente con interpretaciones falsas. Mediante el perdón despejamos los obstáculos para poder percibir conscientemente la Paz que nos envuelve constantemente, en este Momento y Siempre. Esta sensación profunda de Paz ilimitada es nuestro Ser.

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